La descolonización del conocimiento se impone como una urgencia epistemológica ante la persistencia de jerarquías globales que naturalizan la superioridad del paradigma eurocéntrico. Se trata de una crítica radical a la perpetuación de estructuras hegemónicas de poder y saber. El concepto de colonialidad del saber, formulado por Aníbal Quijano, muestra cómo el colonialismo, incluso tras su fin político formal, consolidó una jerarquía epistémica que inferioriza y silencia los conocimientos no occidentales. En este marco, las epistemologías africanas fueron marginadas y sometidas al epistemicidio, es decir, a la aniquilación simbólica y material de saberes, cosmologías y sistemas de pensamiento proprios.
El pensamiento decolonial trasciende la denuncia, constituye un proyecto afirmativo de rehabilitación de la validez ontológica y metodológica de los saberes africanos. Intelectuales del continente y de la diáspora llevan décadas cuestionando la invisibilización de su matrices cognitivas y reivindicando su legitimidad. Este movimiento no busca únicamente incluir voces subalternizadas en el canon académico occidental, sino reconfigurar las bases mismas de producción, validación y difusión del conocimiento.
Superar la colonialidad del saber exige desmontar el racismo epistémico que degrada las producciones africanas. Implica reconocer que la razón y la ciencia no son monopolios de occidente y que otros universos de sentido, basados en distintos lógicos y ontologías, poseen igual capacidad de generar conocimiento válido. La valorización de la filosofías indígenas, de las narrativas históricas no hegemónicas y de la metodologías propias de las sociedades africanas es crucial para construir un paradigma científico pluralista.
Sin embargo, la descolonización del conocimiento no se limita a la teoría, requiere acciones concretas. La restitución cultural, por ejemplo, ocupa un lugar central. La devolución de artefactos y bienes expoliados durante la colonización no es solo un acto de justicia histórica, sino también un paso simbólico y práctico para la reconstrucción de identidades fragmentadas. Más que objetos, se restituyen memorias, narrativas y saberes, lo que permite a los pueblos de origen resignificar su historia.
Del mismo modo, se necesitan prácticas institucionales y políticas. La promoción de diálogos interculturales transnacionales, que reconozcan la coexistencia de diversas racionalidades, constituye un camino hacia la justicia cognitiva. Reformular currículos académicos y valorar investigaciones alineadas a perspectivas no occidentales es esencial para liberar a la académica de sus ataduras coloniales. En definitiva, descolonizar el saber no es solo un ejercicio intelectual. Es un proyecto civilizatorio que devuelve a África su papel de sujeto activo de la historia y del pensamiento, contribuyendo a la construcción de un mundo más justo y plural.