
Malí y Burkina Faso han dado un paso decisivo en su ruptura con la herencia colonial francesa. Ambos países han modificado sus Constituciones para rebajar el estatus del francés y otorgar rango oficial a sus lenguas nacionales.
En Bamako, la nueva Carta Magna aprobada por amplia mayoría popular establece que trece idiomas locales, entre ellos bambara, fula o dogón, serán considerados oficiales. El francés, utilizado en la administración desde la independencia en 1960, queda relegado tras los cambios impulsados por el presidente Goita a idioma de trabajo para asuntos técnicos y diplomáticos.
Uagadugú ha seguido un camino paralelo. El Ejecutivo del capitán Ibrahim Traoré ha impulsado una reforma que convierte al francés en lengua auxiliar, al tiempo que reconoce el valor jurídico y político de los idiomas tradicionales. La medida se acompaña de otros cambios institucionales, como la ampliación de las competencias del Consejo Constitucional o la desaparición del Tribunal Superior de Justicia.
Ambos gobiernos justifican esta reconfiguración lingüística como un acto de soberanía. Argumentan que depender de un idioma extranjero limita la participación ciudadana y obstaculiza la construcción de un modelo propio de Estado.
El trasfondo político es evidente. Malí, Burkina Faso y Níger han expulsado tropas francesas en los últimos años y buscan reforzar su alianza regional. Además, Bamako anunció su salida de la Organización Internacional de la Francofonía en marzo de 2025, marcando un distanciamiento aún más profundo con París.
Estas decisiones reflejan una tendencia más amplia en el Sahel: el refuerzo de identidades nacionales frente a la influencia de potencias externas. En paralelo, los tres países intensifican sus vínculos con Moscú y promueven nuevas fórmulas de integración regional.
Fuente: jeuneafrique.com; cidafucm.es