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Premio a la pasión por la literatura africana

El club de lectura Antonio Lozano de Casa África alcanzó esta semana pasada su libro número 100 y su responsable, Ángeles Jurado, recibió un premio en Asturias por su incansable fomento de las literaturas africanas en España

Hoy he querido traerles un artículo atípico porque me ha resultado emocionante esto que voy a contarles, primero, y a reproducirles, después. Igual ustedes no saben que en Casa África tenemos un club de lectura. Se llama, desde hace unos años, Club de Lectura Antonio Lozano de Casa África. El nombre homenajea al que fue su fundador, grandísimo escritor y gran amigo de nuestra institución, Antonio Lozano, lamentablemente fallecido y que dejó una huella imborrable para todos los que en este país aman las letras africanas.

Junto con Antonio Lozano, desde el primer libro que hizo descubrir África a un buen número de personas amantes de la literatura y ávidas de descubrir las letras africanas, estaba Ángeles Jurado, periodista y escritora, técnico del Área de Medios de Comunicación de Casa África.

Ángeles, o Angie, como la conoce todo el mundo, ha sido el infatigable motor de esta iniciativa en nuestra institución, ha sido una luz constante en todo el trabajo de la institución para promover y defender la literatura hecha en África o por gente que ama África, un club de lectura que ha perseguido que personas de nuestra ciudad y nuestra isla viajasen al continente con cada uno de los libros que se han ido leyendo, primero, y después comentando colectivamente, muchas veces incluso con la presencia de sus autores, editores o traductores. A veces, esos viajes no han sido solo con la imaginación, sino que se han materializado en visitas compartidas al continente, para pisar su tierra y conocer su gente de primera mano.

Casa África fue inaugurada en el año 2007 (aunque creada en 2006, por lo que se acerca a los 20 años). En todo este tiempo, son ya más de 200 los libros editados en sus tres colecciones (Literatura, Ensayo e Historia y Política), que coordina desde el Área de Mediateca y Web Estefanía Calcines. Desde cuentos cortos a novelas, libros de historia o clásicos panafricanistas como Cheikh Anta Diop, el compromiso de la institución fue traducir al español libros que no habían sido traducidos antes y ofrecer también una plataforma a los africanistas de nuestro país. Con cada libro, una ventana abierta a una realidad africana.

Junto a la edición de libros y un ciclo llamado Letras Africanas, que nos ha permitido ir trayendo a España y Canarias a autores africanos, el club de lectura de Casa África alcanzó esta semana pasada su libro número 100. Como lo cuenta la propia Angie, eso son 100 viajes al continente.

Además, esta semana, una Fundación asturiana, llamada Pájaro Azul, le concedió a Ángeles Jurado el V Premio de Literaturas y Letras Africanas 2024. El premio, y reproduzco textualmente, “reconoce su contribución al acercamiento del lector español a la riqueza cultural y el patrimonio intelectual africanos, a través de la traducción y publicación, en colaboración con otras editoriales, de los títulos más relevantes tanto de autores consagrados como de nuevos creadores de la literatura africana, que se complementa con el Programa Letras Africanas y el Club de lectura Antonio Lozano”.

Ayer me hicieron llegar, y me resultó profundamente emocionante su lectura, el discurso que Ángeles Jurado leyó en Oviedo, ciudad en la que le fue entregado este galardón y reconocimiento, que ella, generosa, no dudó en calificar como “un logro colectivo”. Les he querido traer unos extractos de este discurso para que disfruten de lo bonito que es leer a alguien que escribe con pasión y desde el corazón, con profundo amor por África, por su trabajo y con una dedicación y compromiso inquebrantables con la literatura.

Ángeles Jurado, Premio de Literaturas y Letras Africanas 2024
Ángeles Jurado, Premio de Literaturas y Letras Africanas 2024

Adoro leer desde niña, pero ahora sé que la literatura con la que crecí y que me mostraba el mundo partía de una visión bastante limitada de la realidad, de un canon mayoritariamente masculino y abrumadoramente occidental. Defoe o Stevenson abrieron ante mí un universo maravilloso, del que jamás podré ni querré borrar al capitán Nemo, el señor Scrooge o las hermanas Bennet. Ahora comprendo, sin embargo, que también era un universo pequeñito, con muchas omisiones, sombras y desconocimiento. Un universo falto de piezas de puzle, carente de melanina, manco de sonidos, cojo de experiencias, ciego a ideas, colores y, sobre todo, historias que se susurran, gritan y escriben desde hace milenios por todo el planeta. Un universo en el que también ocupan su espacio Kaku Anansé, Dabilly, la reina Pokú, Sunyata Keita o Rami.

(…) Las literaturas africanas han ensanchado y expandido mi mente de tal forma que ya no imagino el mundo que me rodea sin añadirlas al paisaje. En realidad, para ser más precisa, sin que lo tiñan, contaminen y expliquen casi todo. Les han dado la vuelta a muchos de mis dogmas, plantaron preguntas por todas partes y me reviraron la existencia, poniendo en mi camino personas y experiencias inolvidables. Mi intención hoy no es otra que reivindicar la manada, la piña, la red, la barrera de coral que formamos los enamorados de las literaturas africanas.

(…) Promocionar las literaturas africanas no sería posible sin literaturas africanas. Es decir: sin autores y autoras, sin editoriales, sin festivales literarios e iniciativas como este encuentro, sin traductoras y traductores, sin agentes culturales, sin instituciones como Casa África (donde trabajo), sin librerías, sin academia, sin bibliotecas, sin periodistas y, por supuesto, sin clubes de lectura y todas las personas que aprecian y comparten literaturas africanas. Considero que, en nuestro país, somos un grupo, más bien reducido, de gente entusiasta, excéntrica y con sed de conocimiento. Gente que se indigna cuando las listas de recomendaciones literarias más reputadas dejan fuera a casi todo un continente. Gente que busca llevar lo leído a lo sensorial: saborear el atieké, bailar rumba, comprometerse en proyectos, conocer a otra gente que parece –en principio- radicalmente diferente a nosotros, refrescarse con bisap, iluminar la vida cotidiana con cauríes o índigo o wax, viajar hacia el sur como los pájaros migrantes. Creo que somos gente sabedora de los dramas que se esconden en los recovecos de la vida, pero inasequible al desaliento. Gente con hambre de justicia. Gente curiosa. Hablo, al menos, de las personas a las que tengo la suerte de conocer a través de los clubes de lectura, de los proyectos editoriales, de los festivales literarios y de los muchos placeres que las literaturas africanas pusieron, ponen y espero que pondrán muchas veces en mi camino. Por ellos y ellas hablo de un logro colectivo.

Para terminar, Ángeles Jurado concluyó su discurso con una cita del fallecido escritor keniano Binyavanga Wainaina. Él escribió: “Vivimos el resto de nuestras vidas con el convencimiento absoluto de que, si seguimos las baldosas de piedra de la certidumbre, habrá algo deliberado que hará encajar cada cosa en su lugar”.

Y terminó con esta conclusión: “Creo que no podemos vislumbrar muchas certidumbres en estos tiempos, pero también me parece que los autores y las autoras del continente africano, su diáspora y sus ramificaciones a lo largo de todo el planeta, consiguen que, al menos yo, sienta que piso unas baldosas, quizás no fabricadas con certezas, pero que logran que parezca más fácil encajar en el mundo. Gracias por ser parte de mi tribu”.

Qué orgullo siento al constatar la pasión con que afrontan el trabajo diario personas como ella. Y mi más sincera enhorabuena a Ángeles y, por extensión a todo el equipo de Casa África, por el premio, por esos 100 libros del club de lectura y por todo el trabajo que a esta apasionada tribu le queda por hacer para dar a conocer la literatura de este maravilloso continente.

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