
El crecimiento del turismo de alta gama en África está generando riqueza, pero gran parte de esos beneficios no llega a las poblaciones que habitan los territorios donde se desarrolla. Un estudio académico reciente de la Universidad de Manchester, publicado en African Studies Review, advierte de que este modelo refuerza desigualdades al privilegiar a cadenas extranjeras sobre la economía local.
Los investigadores señalan que hoteles de lujo, lodges de safaris y complejos exclusivos funcionan como burbujas aisladas. Los visitantes consumen dentro de estos espacios, reduciendo las oportunidades de gasto en mercados, restaurantes o pequeños negocios de la zona. El resultado es una circulación limitada del dinero en las comunidades vecinas.
Otro de los problemas identificados es la concentración de la propiedad. Muchos de los establecimientos están controlados por grupos internacionales que reinvierten poco en el territorio. Además, el empleo generado suele ser precario o muy restringido para los trabajadores locales, lo que alimenta la percepción de que el lujo turístico favorece a unos pocos y margina a la mayoría.
En regiones como Kenia o Tanzania se han registrado conflictos vinculados a la expansión de complejos hoteleros en áreas protegidas o tradicionales. Comunidades como la maasai han denunciado desplazamientos forzados y pérdida de acceso a tierras, lo que ha provocado choques sociales y cuestionamientos sobre el impacto ambiental del modelo turístico.
Especialistas en desarrollo sostienen que la clave está en orientar el turismo hacia fórmulas más inclusivas. Proyectos comunitarios, circuitos gestionados por cooperativas y formación local permitirían que la actividad se traduzca en empleo estable y beneficios compartidos. Sin un cambio de rumbo, alertan, África corre el riesgo de consolidar un turismo de élite que poco aporta al desarrollo real de sus sociedades.
Fuente: tourismandsocietytt.com; tradingview.com