
En 1971, Muhammad Ali sorprendió al público británico durante una entrevista televisiva en la BBC. Con su habitual ingenio, el campeón utilizó ejemplos sencillos para cuestionar estereotipos raciales profundamente arraigados.
El púgil recordó su infancia en Louisville y cómo, desde pequeño, se preguntaba por qué los héroes de las películas, los santos de la iglesia o los símbolos de belleza siempre eran blancos. Con ese relato cercano, trasladó a millones de espectadores un debate que en Estados Unidos estaba marcado por tensiones sociales.
Ali fue más allá del boxeo. Denunció el lenguaje cotidiano, mostrando cómo lo blanco suele asociarse con lo positivo, mientras lo negro carga con connotaciones negativas. Esa observación, expuesta entre sonrisas, hizo reflexionar sin necesidad de alzar la voz.
El campeón olímpico también evocó experiencias de discriminación directa, como cuando no le permitieron comer en un restaurante pese a haberse colgado la medalla de oro en Roma. Su testimonio desmontaba cualquier idea de igualdad formal en una sociedad aún marcada por la segregación.
Más de medio siglo después, aquella intervención continúa circulando en redes sociales como ejemplo de valentía y claridad. Ali demostró que, además de pelear en el cuadrilátero, sabía golpear con palabras.
Fuente: tudn.com