
La cigüeña blanca ha dejado de volar a África en los meses fríos. El aumento de las temperaturas garantiza alimento suficiente en Aragón durante todo el invierno.
En cultivos de regadío, orillas de ríos y zonas húmedas encuentran anfibios, insectos y pequeños roedores activos incluso en pleno enero. La presencia de vertederos en el valle del Ebro refuerza esa disponibilidad.
El patrón migratorio se ha transformado en apenas unas décadas. Mientras los adultos permanecen en la península, algunos ejemplares jóvenes aún mantienen la ruta hacia tierras africanas.
Un nuevo censo nacional revisará este año la situación de la especie. El último recuento, realizado en 2004, cifró la población en más de treinta mil parejas reproductoras.
El cambio climático está alterando los calendarios de numerosas aves. Algunas llegan antes de lo habitual, otras retrasan su marcha, obligadas a adaptarse a un entorno cada vez más imprevisible.
La cigüeña blanca se convierte así en una de las imágenes más claras de cómo el calentamiento global reordena la vida de especies comunes en el paisaje ibérico.
Fuente: cartv.es; infobae.com