En relación con el discurso xenófobo y racista en torno a la migración, Ayuda en Acción subraya la necesidad de una reflexión realista y objetiva sobre el derecho de todas las personas a llevar una vida digna. Diversos informes, entre ellos el del Banco Mundial, indican que el 85% de los ingresos de los migrantes beneficia a las economías de los países de acogida, mientras que el 15% restante se envía a sus países de origen en forma de remesas. Esto demuestra que la migración es positiva tanto para los países receptores como para los emisores.
Sin embargo, la idea de que el aumento de la ayuda al desarrollo reducirá la migración es cuestionable. Un informe del Centro para el Desarrollo Global señala que un impacto significativo en los flujos migratorios requeriría niveles mucho más altos y sostenidos de financiamiento a lo largo de generaciones. Además, el gobierno español, por ejemplo, ha reducido su inversión en ayuda al desarrollo en un 70 por ciento en la última década, elevándola al 0,22 por ciento de la renta nacional bruta.
Más allá de tratar de frenar la migración con restricciones, es necesario replantear las políticas y enfocarse en resolver las causas que la generan. En 2017, los migrantes enviaron 596.000 millones de dólares en remesas, de los cuales 450.000 millones se destinaron a países en desarrollo, una cifra tres veces superior a la asistencia oficial para el desarrollo a nivel mundial. Este panorama sugiere que la migración no solo es sostenible, sino que también impulsa el crecimiento económico en diferentes regiones del mundo.